Ser mujer indígena, lideresa y autoridad

La lideresa Dora Ojaicate de la comunidad Nueva Unión, con el cachiguango, una producción textil propia de cultura urarina que fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación / Andrés Espinoza

Por Andrés Espinoza

La Amazonía enfrenta serios retos para su preservación. La tala ilegal, el asesinato de defensores ambientales y la contaminación ponen en riesgo a todas las personas al afectar directamente un ecosistema indispensable para nuestra supervivencia.

Un caso conocido es el del Lote 8, un área de producción petrolera en Loreto que tras más de 50 años de actividad presenta impactos en el ambiente y la salud de las personas. Los pueblos indígenas achuar, kukama, kichwa y urarina que habitan este territorio ancestral se han organizado para elaborar, junto con el Estado peruano y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Estudio Técnico Independiente (ETI) con propuestas para la remediación ambiental.

Durante un recorrido de 45 días del equipo de especialistas del ETI recogimos las historias de lideresas indígenas comprometidas con sus comunidades, su cultura y sus territorios. Son historias de participación que inspiran a tomar acción frente a la emergencia ambiental y a las brechas de género.

Ser mujer y autoridad en la Amazonía

Según el INEI, apenas el 5 % de presidentes de comunidades nativas y campesinas de la Amazonía peruana son mujeres. Todavía persisten resistencias en las mismas comunidades a la hora de promover la participación femenina en puestos de autoridad y espacios de diálogo, debido a los roles asignados tradicionalmente al varón y la mujer.

Por eso, el caso de Carmen Ríos, apu de la comunidad Ollanta, todavía resulta atípico. “Soy la primera teniente gobernadora mujer a nivel regional y apu de la comunidad. Normalmente los apus son hombres, por eso acá me llaman apa”, comenta la autoridad máxima de su comunidad.

Carmen Ríos junto a especialistas ambientales del ETI Lote 8 y el monitor ambiental de la comunidad Ollanta, visitando un pozo exploratorio de petróleo abandonado / Andrés Espinoza

Si bien no nació en Ollanta, Carmen se siente comprometida con el desarrollo de esa localidad. “Quiero a esta comunidad, migré de Iquitos, me establecí y ya vivo 20 años aquí”, relata la apu, que además está a cargo de una tienda que abastece a diversas comunidades de su cuenca.

Otro cargo importante en las comunidades es el de madre indígena. “Es la mamá de las mamás”, explica Norma Ayambo, quien ocupa este rol en la comunidad kukama San Martín de Tipishca. “Yo represento a las mujeres en la comunidad, a nuestras preocupaciones y necesidades como madres que velamos por la salud de nuestros hijos e hijas”, asegura. Norma lo hace desde hace cuatro años y la comunidad ha depositado su confianza para renovar su liderazgo.

Igual de crucial es el rol de agente municipal. Este cargo representa a la municipalidad y vela por promover el desarrollo conforme a la ley y con participación de la comunidad. Elia Shuña ha asumido este liderazgo en la comunidad kichwa Belén. Para ella ha sido un reto de aprendizaje. “A veces una tiene vergüenza de participar, pero dialogo con el presidente y busco conseguir proyectos con la municipalidad para la limpieza en Belén”.

A la izquierda Elia Shuña junto a su familia conformada mayoritariamente por mujeres. Elia hace un balance entre sus actividades como autoridad y jefa del hogar / Pavel Egúsquiza

El ambiente y la salud al centro

Las lideresas participaron en las acciones del ETI Lote 8. A través de entrevistas, grupos focales y asambleas comunales el equipo de especialistas del estudio tuvo acceso a testimonios y experiencias de comuneras y comuneros, quienes expresaron cómo su entorno ha cambiado luego de 50 años de actividad petrolera. Estas problemáticas han sido recogidas y abordadas en el estudio con propuestas de remediación y recomendaciones.

En la comunidad urarina de Nueva Unión, Dora Ojaicate ejerce el rol de madre indígena y comenta el impacto del petróleo en la fauna. “Antes en la chacra crecía plátano y se escuchaba el canto del mono coto (Alouatta seniculus) muy cerca de la comunidad. Ahora ni se ven monos”. Según Dora, el ruido de las actividades petroleras ha ahuyentado a esta y otras especies.

Una situación similar relata Carmen Ríos sobre los pescados que son indispensables en la dieta de la comunidad. “Aquí en esta cocha agarrábamos cantidades de pescados, pero ahora ni para comer hay, no sé si han ahuyentado o se han muerto”.

“Hemos tenido reuniones con el Estado, queremos que todos los desechos los junten y los dejen como era antes, porque hay chatarra de metal pudriéndose y ese óxido va al agua que ingerimos”, asegura Elia Shuña. En esa línea, el ETI reconoce la necesidad de un trabajo multisectorial y sugiere la construcción de una Mesa Técnica Socioambiental que incluya la participación de organismos del Estado peruano con competencia en la problemática ambiental del Lote 8. También propone una mejora en los procesos de comunicación entre comunidades, Estado y empresa, con espacios formales de participación donde las organizaciones indígenas sean actores clave.

Antes tomábamos agua de río, cocinándola. Pero no es apta por la contaminación. Los niños sufren diarrea, vómito, fiebre, dolor de cabeza”, asegura Norma Ayambo. Reconociendo esta necesidad, el estudio recomienda el fortalecimiento de los servicios básicos y de atención en salud de las comunidades. Asimismo, se requieren estudios que aporten evidencias científicas de causalidad sobre el potencial impacto de la actividad petrolera en la salud de las comunidades.

El ETI no solo encontró las sentidas historias de afectación, sino también de resiliencia frente a estos desafíos. “Hemos formado un grupo de mujeres dedicado al sembrío de huevos de Taricaya (Podocnemis unifilis) en playas artificiales”, dice Norma Ayambo. El apoyo a estas iniciativas productivas y de preservación contribuiría a diversificar la actividad económica de la zona. El estudio recomienda la promoción de programas de capacitación técnica para este tipo de proyectos que aprovechen los conocimientos de las comunidades.

Liderazgos que cierran brechas

La realización del ETI Lote 8 ha permitido acercarnos a aquellos liderazgos de mujeres que reclaman y actúan por la remediación de sus pueblos. Pese a las dificultades sociales que aún existen para su participación en los espacios de decisión de las comunidades, ellas manifiestan que la urgencia de atender a la Amazonía hace más necesaria su inclusión y liderazgo.

“Se trata de valorar a la mujer, ya pasó ese tiempo donde estábamos solamente para la cocina, eso a veces les hago entender, también tenemos la capacidad también de ser autoridad”, señala Carmen Ríos. En esa línea, la apu de Ollanta tiene un mensaje para las mujeres que lideran: “Decidan sobre todo a aprender, porque todo en la vida se aprende y si no saben ser lideresas aprenderán a serlo porque no es difícil”.

Carmen Ríos, apu de la comunidad Ollanta, quien logró que el 95% de su comunidad reciba la vacuna de COVID-19 gracias a la gestión con la Plataforma Itinerante de Acción Social con Sostenibilidad para el Desarrollo de la Amazonía (PIAS) / Andrés Espinoza

Desde luego, estos liderazgos de mujeres están alineados también con la preservación de sus culturas, las cuales las dotan de identidad y de saberes. “Nosotras con la planta del piri-piri (Capsicum frutescens) nos pintamos para ser mujeres, ágiles y fuertes. Y con el huito (Genipa americana) pintamos a los bebés para que sean fuertes y adquieran los conocimientos del monte. Es importante preservar esta cultura, que toda esta sabiduría urarina no se pierda”, expresa la madre indígena Dora Ojaicate.

Estos roles de autoridad se basan en la confianza depositada por la comunidad, por ello cuando se ejercen se construyen vínculos con comuneros y comuneras. “Las mujeres de mi comunidad confían en mi rol como madre indígena y me siento comprometida con mi pueblo, con las madres. Salimos en defensa de la niñez y en la resolución de casos de violencia familiar”, comparte Norma Ayambo, madre indígena Kukama. Para ella es importante el acompañamiento a las familias y el rol de cuidado que cumple dentro de su comunidad.

El equipo del ETI Lote 8 y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo reconocen la valiosa capacidad de liderazgo de las comunidades, así como de las mujeres y hombres con los que se ha intercambiado y dialogado durante el trabajo en los territorios. Esta fuerza movilizará y acompañará las acciones de remediación que el Estado impulsará de manera comprometida. Como indica Elia Shuña, agente municipal de la comunidad Belén: “se trata de tener voluntad de trabajar con tu pueblo, querer que tu pueblo que mejore y que siga adelante. Porque podemos lograr mejores ideas si trabajamos mujeres y hombres a la par”.

Mujeres de la comunidad Copal (cuenca del Corrientes) participando en asamblea comunal de presentación durante la gira de campo del ETI Lote 8 / Andrés Espinoza

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