Un café que conversa con la naturaleza y su gente

En Perú, las cooperativas cafetaleras apuestan por producir un café con impacto positivo en lo social y ambiental

El café es sin duda uno de nuestros productos bandera, siendo el sustento de vida de 223,000 familias productoras e involucrando directamente a dos millones de personas que forman parte de esta cadena de valor. Sin embargo, el café peruano no está exento de los impactos del cambio climático y de ahí la importancia de que todo el sector aúne esfuerzos, poniendo al centro a los productores y sus asociaciones para obtener un producto más resiliente y mejor valorado en los mercados.

“No podemos ser exitosos si estamos aislados”, señala Teodomiro Melendres, quien dirige la Central Fronteriza del Norte de Cafetaleros (Cenfrocafé) que fundó en 1999 junto a 220 productores de San Ignacio. La cooperativa ahora agrupa a más de 3000 familias que también provienen de las provincias cafetaleras de Jaén y Bagua.

“La sostenibilidad de la caficultura depende de poner al productor y a su familia en el centro, reconociendo que su trabajo y esperanza de vida se da a través de una semilla que siembra, una planta que crece, un fruto que es consumido y el excedente que va al mercado”, explica Melendres que además coordina la Plataforma Multiactor del Café de Cajamarca.

“Ese arte de producir lo tiene el productor y se basa en el trabajo familiar. Eso es algo que el consumidor debe valorar”, añade destacando la fuerza asociativa de los productores, quienes por esfuerzo propio han sido capaces de generar un desarrollo más integral y sostenible desde las regiones.

Precisamente este año la conmemoración del Día Nacional del Café Peruano coincide con la reciente promulgación de la denominada ley de perfeccionamiento de la asociatividad de los productores agrarios en cooperativas agrarias (Ley Nº 31335), volcando la atención hacia los pequeños productores y el fomento de la asociatividad en aras de lograr una mayor productividad y rentabilidad para las familias campesinas.

Teodomiro Melendres dirige la cooperativa Cenfrocafé

Para Melendres esta ley es relevante en tanto promueve la asociatividad desde el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, dando respaldo directo al productor y su familia. Además de un tratamiento tributario más equitativo, la norma representa un avance significativo al impulsar la capacitación al interior del núcleo familiar, involucrando a sus miembros.

El Perú es el segundo productor de café orgánico en el mundo, ventaja que se debe continuar impulsando — como destaca Melendres — “ya que el consumidor siempre buscará comprar un producto sano, en el sentido de beneficioso para su salud y favorecer el bienestar de aquellos que lo producen”.

De la mano con este avance, vale destacar que desde el 2019 el Perú cuenta con el Plan Nacional de Acción del Café como resultado de un proceso de articulación, diálogo y consenso desde los sectores público, privado, la sociedad civil y los gremios de productores. Mediante la asistencia técnica del Programa de Commodities Verdes del PNUD y el apoyo y financiamiento de la Cooperación Suiza — SECO, fue posible construir de manera participativa una visión al 2030 para posicionar al café peruano como un producto no solamente de alta calidad, sino también respetuoso con las personas y el entorno natural.

Ayudar a calmar el clima

Al 2030, el Perú podría perder hasta el 40% de su área cafetalera debido al cambio climático, según un estudio de ICRAF y CIAT. Eso lo saben bien los productores de la cooperativa José Olaya, que se ubican en el área de amortiguamiento del Santuario Nacional Megantoni en Cusco.

Está “demasiado caliente”, asegura Luz Marina Astete, presidenta del consejo de vigilancia de esta cooperativa caficultora en un reportaje publicado en El Peruano. Por eso, ella y las 271 familias socias están preocupadas por reforestar más para “ayudar a calmar al clima”.

Fundada en 1966, la cooperativa se dedica a la exportación del café con certificación orgánica y sello Fairtrade de comercio justo. “Siempre cumpliendo las normas ecológicas; cuidando el ambiente, la ecología y la biodiversidad”, comenta al diario oficial.

Desde hace 16 años, Luz Marina Astete es parte de la Cooperativa José Olaya donde ahora preside el consejo de vigilancia.

A través del proyecto Amazonía Resiliente, el PNUD trabaja con las familias socias de la cooperativa junto al Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado (Sernanp), que vela por el Santuario Nacional Megantoni. El norte es fortalecer la resiliencia de los ecosistemas vulnerables en la Amazonía sur, ante los impactos del cambio climático.

Durante la pandemia, el PNUD ha brindado capacitaciones digitales a las familias sobre cosecha, poscosecha, manejo de plagas, cuidado del suelo y bosques. Con el Sernanp se pudieron llevar a la práctica dichos aprendizajes, garantizando así el 100% del manejo y cuidado para que los productores de la José Olaya mantengan el “sello verde”.

Además, las familias reciben plantones de árboles nativos para reforestar sus parcelas, y abonos orgánicos. Así, su café de exportación es producido bajo sistemas agroforestales resilientes, con un manejo especial del tratamiento del suelo, y en todas las demás etapas de poscosecha, secado, almacenado. “Somos amigables con el ambiente”, concluye Luz Marina.

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